Artículos de Opinión

El Verdadero Fraude en Venezuela

Ya pasados varios días de la dura victoria de Chávez se vislumbra el panorama para el venezolano más claramente. Es difícil hacer un análisis objetivo, dadas las condiciones sociales y el contexto sociopolítico en el cual la victoria del comandante es bienvenida y legitimada -con algunos aciertos y muchos desaciertos- por 8.161.640 venezolanos.

Toda Venezuela tiene una carga sentimental inmensa luego de estos resultados. Algunos están felices, francamente emocionados que no perdieron su trabajo, la pensión, su universidad comunitaria, su beca, o su comida barata. Otros iracundos, maldicen y desean la muerte del enfermo Teniente Coronel que actualmente preside Venezuela. Y varios analizan por qué la derrota en las urnas.

Estas reacciones dejan una desazón, un conflicto fuerte de digerir que es complejo conciliar. Más por lo incendiarios que se encuentran algunos ánimos, con sed de debate, insultos y ganas de tener la razón.

Hay una metáfora que ayuda a entender claramente cuál es la impresión de los dos bandos principales que se disputaron las pasadas elecciones; Una es que Venezuela es una mujer  la cual el marido la maltrata, pero ella ignorando muchas cosas, acepta sus regalos y se enamora todos los días. Y la otra, es aquella mujer que tiene un marido excepcional y decide dejarlo por “ciertas cositas malas” que tiene. Una es la visión opositora, y otra la oficialista respectivamente.

Existiendo estas interpretaciones de la realidad del venezolano, hay que poner puntos sobre las íes para definir y sintetizar criterios. Vislumbrar un posible punto de convergencia que pueda ayudar a pacificar, conciliar y a construir en conjunto una relación fuerte entre los venezolanos más allá de la influencia del gobierno de Hugo Chávez y su estigma.

Las Elecciones y el Fraude

Las cosas deben llamarse por su nombre ¿Que existen las posibilidades de cometer un fraude en el sistema electoral venezolano? Poco probable, pero sí, es posible.  Aunque hay que permanecer escépticos del fraude en el plebiscito venezolano porque es un sistema auditable y relativamente blindado. Cualquier miembro de mesa o testigo electoral puede chequear si los resultados que ellos auditaron se confirman en la página web del Consejo Nacional Electoral.

No hay pele. Una trampa es prácticamente imposible. Pocos han sido los reclamos, y menos los serios, que se han elevado ante el “parcializado” ente rector criollo. Existen los mecanismos institucionales que ayudarían a revelar un posible fraude, pero no. Nada serio se ha manifestado, ni con pruebas ni argumentos valederos. Una cosa es esto.

Pero otra el rol del aparato de Estado en los comicios. Lo claramente tejido del proceso electoral que dejó no solo mucho qué pensar, sino que dejó en ridículo el excelente sistema electoral –electrónico- que tenemos. Los tapones con laptops que tomaban los datos de los electores, hicieron mella hasta cierto punto de la tarde, cuando una de las rectoras dijo que ya no era necesario y suspendió su uso. Esta fue la llamada “Operación Morrocoy”.

Hubo colas de horas. 10 horas. 9 horas. Cinco. Colas desde la madrugada. Muchas personas se cansaron de esperar su derecho y se fueron. No tuvieron paciencia. Fue el punto de quiebre de una oposición desconfiada cuidando su derecho.

A pesar de esto, algunas fuentes de las bases chavistas manifestaron en la caída de la tarde que se sentían perdidos en el municipio Valencia y en otros lugares del territorio nacional. Algunos rojos decían que la elección estaba muy reñida. Pero algo sucedió. La tendencia del voto oficialista se fortaleció al final de la tarde y según dicen, muchos de ellos fueron movilizados en horas del atardecer para votar por el comandante.

Estas movilizaciones no son sino producto de una gran maquinaria. Se escuchan en las bases de los partidos y en las calles lo que realmente hacen. Como la roja no hay. Es como la blanca en sus mejores tiempos. Arrean pueblo como ganado y reparten dádivas como arroz en una boda. Se meten barrio adentro con demagogia, y prometen cielo y tierra, hasta alcohol y dinero, para conseguir un voto por la revolución. El tan reiterado y redundado “Poder Popular”.

Millones de dólares invertidos. Fuentes indican que fueron más de 30 millones, pero nada  seguro ni de fiar. Pero esto es nada comparado, por las exorbitantes cuentas en gastos de publicidad, relaciones públicas y propaganda que el gobierno está acostumbrado a costearse de la mano de la “caja chica” del Estado; Petróleos de Venezuela (PDVSA).

En resumen; como se consiguieron los votos no es lo importante, apartando el miedo, las amenazas, el chantaje y la guerra sucia de lado y lado. Lo importante son los resultados. Ganó Hugo Rafael Chávez Frías. Capriles se quedó corto con la campaña y el discurso. Duélale a quien le duela, hiera o dé arrechera.

Muchos de los votos por el comandante fueron sinceros -la gran mayoría- ya que lo creen apto para gobernar el país; El 55,13% le dio un espaldarazo para seguir con su “revolución social”.

El Panorama

El problema con la democracia es profundo; Existe el ejemplo que lo explica a menor escala.

4 amigos se encuentran decidiendo qué harán un fin de semana con sus vidas. Lo someten a votación; Ir a la playa e ir al llano son sus opciones. Votaron; y 3 a 1 quedaron a favor de las olas. Uno de los amigos tiene dermatitis y no puede ir a la playa. Entonces; ¿Acaso debe arriesgarse el enfermo para complacer el descabellado y egoísta deseo de los otros tres amigos?

Algo así ocurre en la democracia moderna. Las minorías se ven afectadas por las decisiones de muchos. Pero son gajes del oficio; ya debemos estar acostumbrados. Es un sistema imperfecto gestionado por humanos imperfectos. Y eso debemos esperar; imperfección. La mejor que tenemos.

Es así como los problemas morales que más se han agravado gracias al poder mediático del gobierno no son dignos de ignorarse. La exclusión, el irrespeto, la descalificación, las calumnias y la difamación. No es extraño ver a un adepto expresarse despectivamente de personas que no comparten la ideología que apoya al militar, a la guerrilla y al marxismo-leninismo.

Cuestionar las fallas históricas y la deuda moral que estas ideologías tienen con el planeta no es el punto de este texto. Pero las actitudes que muchos militantes asumen frente a los que desconfían es tenaz. Algunos de ellos se creen más y mejores personas, por el simple hecho de tener una ideología que se han formado con horas de lectura y atención a las cadenas nacionales de radio y televisión, o porque su candidato ganó las elecciones.

Los que no creen, sencillamente son de “derecha” (según ellos). Escupen unos cuantos argumentos con historia y se dicen dueños de la verdad. No hay discusión  ni reconciliación posible -como el terrateniente de Sabaneta dice-. Las pruebas de la ineficiencia y corrupción se pueden poner frente a su cara, pero, el dogma es tan fuerte que una crítica puede incluso acabar con una gran amistad.

Existen La “libertad” y la “libre” determinación de los pueblos, claramente. Pero cuando una sola voz existe, tomando decisiones en todos los poderes, la libertad realmente puede ser cuestionada ¿Son acaso las ideologías de izquierda unas quimeras de verdades inexorables? Lo cierto es que esos 8 millones de venezolanos tienen motivos fuertes e intereses en juego. Estos  sellaron el acontecimiento del 7 de Octubre.

Ahora, el reto del gobierno de Chavez, de los venezolanos y de la oposición trasciende las teorizaciones. Va más allá de un tomo de El Capital, o una frase de Selassie. Tener la ética para criticar va más allá que creerse uno más del pueblo, o ser más venezolano que otro. Es necesario comprender el desempeño real de los gobernantes y demandar real justicia.

Porque el verdadero fraude en esta elección no es el rol del árbitro electoral. Ni el gobierno con sus trampas, ventajismo e invencible maquinaria. Aun menos la oposición amilanada, encerrada en los estratos acomodados sin volcarse a las demandas históricas de los ignorados. El fraude son los ciudadanos que se quedan de brazos cruzados esperando que un gobierno les resuelva sus problemas y no toman la justicia por sus manos.

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