Artículos de Opinión

Carta al Venezolano: Hay un Camino, Corazón de mi Patria

Últimamente el ambiente en Venezuela ha estado sobrecargado: Es normal en una campaña electoral. Pero las elecciones presidenciales del 7 de Octubre son incomparables con cualquier otra en la historia. Se ha visto un despliegue multitudinario de las maquinarias político-partidistas y de movilización ciudadana de lado y lado. Con los discursos de los líderes y una gran confrontación que trata de aglutinar el deseo colectivo en una sola voz, se marcan los últimos esfuerzos para salir victoriosos como un país unido.

Capriles y Chávez dándose la mano en un Consejo Federal de Gobierno

En este contexto electoral se ha difundido información de todo tipo. Fotografías, videos, estudios estadísticos y de opinión, encuestas, sondeos e investigaciones periodísticas. Pero a ciencia cierta, la sucia guerra de la información, contra-información y propaganda tiene confundidos a algunos ciudadanos. Miles de venezolanos tienen ceguera. Con la fecha límite a puertas, el clímax de la convulsión social no es un panorama muy conveniente para el triunfo de la democracia, aunque hay que confiar y tener fe que la verdad, el bien, la institucionalidad y la democracia prevalecerán en Venezuela.

Al fin y al cabo éste es el fin de una tensa y ardua campaña que ha tenido matices de guerra ruin. Es por esto que ante la confusión y desconocimiento generalizado de muchas realidades, ciertos puntos deben ser aclarados al pueblo venezolano para que al momento de ejercer su derecho al voto frente a la urna, donde la soberanía real se ejerce, no hayan remordimientos, malentendidos, ni dudas.

Por un lado, hay que tomar en cuenta el uso del poder e información de parte de algunos grupos durante las últimas cinco décadas. Ha sido tan nefasto, que ha sumido a Venezuela en oscurantismo. El liderazgo del presidente Hugo Chávez es un producto directo de ese manejo de información y poder en el país; y posiblemente, sus errores lo lleven a la derrota en las elecciones presidenciales.

Un voto por Chávez, por Amor

Las motivaciones de un chavista son diversas. A algunos los mueve una profunda sensibilidad social, idealismo justificado con las carencias observadas a través de los años. Otros “revolucionarios” son movidos por el odio, la envidia, la violencia ¿Y cómo no? El cochino dinero. Hay unos que sencillamente aman al comandante y viven el dogma de su liderazgo ciegamente. Otros se afincan en los ínfimos logros de la revolución; como el agravamiento de la pobreza con dádivas y ayudas sociales, la masificación de la salud y la educación de baja calidad, y otros índices y realidades palpables que no se pueden negar. Si algo hay que “agradecerle” a Chávez es el viraje de la política al protagonismo de los desposeídos y olvidados.

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Pero eso no es suficiente. Se comprende claramente que la justicia social es el fin de la batalla, pero existe una manipulación macabra y palurda que ha convertido al gobierno actual en el salvador de los pobres y en héroes de la patria. Actualmente en Venezuela las migajas se magnifican con una cámara de video y lo negativo se oculta con la complacencia de las autoridades y periodistas sin bolas. No hay mentira más piadosa y bien construida; Chávez: Corazón de La Patria. Pregúntenle a Fidel y a Raúl Castro, a la Contraloría, a la Procuraduría, a la Fiscalía, a la Defensoría del Pueblo, a la Asamblea Nacional, al Tribunal Supremo de Justicia y al ex-magistrado Aponte Aponte (por no mencionar más).

Esta locura y secuestro de los poderes públicos ha secundado otras necesidades y demandas de la sociedad y también ha empeorado los terribles males de nuestra cultura, la corrupción agravada. La propaganda ha convertido al Gobierno en un ente todopoderoso; usando oscuras técnicas de manipulación masiva que recuerdan al ministro de información y propaganda de Hitler, Joseph Goebbles. Hay que asumir los símbolos, los colores y los puntos claves de la campaña del Caudillo de Sabaneta. Más claro no canta un gallo; con un análisis a vuelo de pájaro se nota que la propuesta de Chávez vende el modelo comunista cubano como una referencia mundial, sataniza los méritos y ha bajado aún más la autoestima del pueblo venezolano.

Tristemente, el mesianismo y el culto a la personalidad han desviado el idealismo utópico que llevó a la gente a votar por él. El Chávez delgado que se rodeó de gente capaz hace 14 años, lentamente se ha convertido en un autócrata amiguista, un gordo que manda, despilfarra, insulta, baila, canta, habla (y cómo habla) haciendo de Venezuela un circo… El nepotismo y amiguismo han contaminado la administración pública y cuánto daño han hecho a la efectividad y eficiencia de nuestra patria.

¿Son estos los deberes de la primera magistratura? ¿Acaso el liderazgo carismático y sus payasos son lo necesario para el verdadero progreso y la abolición de la pobreza en Venezuela? Son muchas preguntas las que surgen más allá de los insultos y las obras refundadas, las expropiaciones y la constante violación de la constitución. Se debe tomar en cuenta que el quiebre y destrucción de la institucionalidad está acabando con el país. Algunos creen que es joda o mentira, o una manipulación burda.

Es en este contexto de discusión y debate político, donde irónicamente gran parte de los chavistas repiten lo que el canal del Estado redunda durante semanas. Citan el pasado y sobre todo los improperios e insultos que el líder máximo y sus propagandistas difunden sin temor a la ley. Es una estrategia estudiada y cuidadosamente practicada. Un constante bombardeo mediático, y desprestigio reiterativo. Difamación a costillas de los muertos y pobres del pasado. ¿De verdad Venezuela quiere esto?

El Camino de Capriles

Hay una oportunidad de abrir los ojos hacia una Venezuela diferente, donde los tan criticados vicios del pasado intensificados durante estos últimos 14 años se desechen. Donde la esperanza predomine y la unión entre los venezolanos, independientemente de sus ideales, sea la regla. Donde haya justicia.

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Un país de seguridad económica, jurídica e institucional. Donde las ayudas sociales sean dadas a quienes realmente las necesitan y donde los servicios públicos y la salud sean de la calidad que siempre hemos soñado. Chávez prometió, mintió descaradamente y no cumplió con los objetivos trazados, tal cual ese 4 de febrero de 1992 que contribuyó a tan nefasto capítulo de la historia venezolana, donde hubo muertos y se intentó acabar con el orden constitucional.

Camino es el que propone Henrique Capriles Radonski, sin olvidar a los sectores más necesitados ni las soluciones de sus problemas. No desfallecer y seguir esperanzados es el mandato divino, creer en la fuerza de la esperanza. Y claro, votar bien. Votar sin miedo. Por el futuro y un cambio de poder, para que los venezolanos vivan seguros, después del cambio que depurará las fuerzas de orden público y la seguridad ciudadana.

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