Artículos de Opinión

La Corrupción Venezolana y la Mojadera de Mano

No es nada nuevo. La corrupción en Venezuela, junto a la complacencia de los ciudadanos es un mal que pertenece a nuestra cultura. El hecho de ser un país con una renta petrolera elevada y tener unas leyes que dan la posibilidad de enriquecer a unos pocos, agrava la situación. Pero esto no es irremediable.

Ejemplos hay miles. Muchos han sido víctimas del llamado “matraqueo”: el chantaje y la extorsión de parte de algunos funcionarios públicos. También existe la clase de “ciudadano” que soborna para evitar una multa o peores castigos. Sea como sea, y en el estrato que se analice, esto tiene grandes repercusiones sobre nuestra sociedad; institucionales, económicas, morales y sociales. La eficiencia se aletarga con los hechos.

Hace décadas, en la vieja DIEX (actual SAIME), cuando una persona quería que un trámite le saliera rápido, le bastaba y a veces sobraba, con meter un billetico dentro de sus documentos para agilizar el proceso. Actualmente la cosa no cambia mucho. Los gestores están a la orden del día en cualquier institución de la administración pública, y fácilmente puedes hacer trámites de cualquier tipo pagando por debajo de la mesa, sin hacer cola.

Para la mayoría de los venezolanos esto es un fenómeno natural. Incluso quien no lo hace es considerado un “güevón”; por no ahorrarse el tiempo, los realitos y los malos ratos con los funcionarios.  Es parte de nuestro espíritu, lamentablemente, y trasciende los límites de la institucionalidad. Se ve en todos lados gente trabajando al margen de la ley, dentro de las instituciones del gobierno, como una cosa normal. Están empatucados todos los poderes públicos.

Estos ejemplos se quedan en pañales. A menor escala existen personas que “hacen su agosto” gestionando par de licencias de conducir, par de placas de automóvil y borrando par de multas en el sistema del Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (INTTT). Normal. Común.

Pero la situación se agrava al subir escalafones en las instituciones del Estado ¿Y qué mejor excusa que los contratos y las licitaciones del gobierno? Hay quienes los aprovechan para tomar su tajada de la hacienda pública o renta petrolera. No los condeno; el dinero pesa más que su alma. A algunos consejos comunales les aprueban unos realitos, las obras no se hacen. A algunos ingenieros y contratistas les bajan “las lucas”, el trabajo no lo hacen.

De la misma manera, en otras instituciones (fiscales) como el SENIAT, el SATAR y el SATRIM, donde la plata es el meollo del asunto, las trabas benefician a quienes deberían hacer un trabajo eficiente, honesto y efectivo. La gente se ve afectada con los desmanes de la administración; Incluso, a veces, ciertos funcionarios fiscalizan negocios con la triste intención de que “se bajen de la mula” y no por hacer cumplir la ley. Sobran ejemplos parecidos.

Se están haciendo cochinamente ricos con la corrupción y la mojadera de mano.

Claro, los funcionarios se endiosan diciendo que lo que quieren, después de pedir dinero “pa’ los frescos”, es ayudar a no pagar los exagerados precios de las multas que impone el Estado. Y el ciudadano, viendo la redención en bandejita de plata, no se puede negar.

La cantidad inmensa de trabas que el Gobierno pone con sus leyes y represiones fiscales lo que hace es afianzar el viejo dicho de “quien hace la ley, hace la trampa”. En la Comisión de Administración de Divisas (CADIVI), por ejemplo, las autorizaciones de liquidación de divisas (ALD) para importadores se retienen; para que después ofrezcan liquidarlas ilícitamente por montos exorbitantes. Existen quienes cobran dos y tres bolívares fuertes por dólar para liquidar divisas pendientes. Hagan la cuenta: Una solicitud CADIVI por 250.ooo USD puede rendir para resolvernos la vida por un buen tiempo.  750.000 BsF; más de lo que varios obreros honestos pueden hacer en toda su vida.

Triste pero cierto.

Duele decir que el sistema está podrido, que somos una sociedad corrupta y que no tenemos remedio; pero no podemos tapar el sol con un dedo. La justicia divina utópica no basta. La solución existe, y está en un ejercicio ético de la ciudadanía. Ejerciendo una real contraloría, sin miedo. Denunciando a los culpables de la anarquía que tiene al país destruido a costillas del enriquecimiento de unos pocos. Tenemos voz, y el poder y la violencia no pueden callarla.

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Un pensamiento en “La Corrupción Venezolana y la Mojadera de Mano

  1. Si, es lamentable ver como los principios dejaron de ser en este pais hace muchos años…
    Nuestros ancianos conscientes sufren al constatar como sus nietos no practican los valores…
    Ojala muchos podamos sumarnos al esfuerzo de recuperacion de la Patria Bella….

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