Cuentos Cortos/Poesía

Poema o Cuento del Crimen

Arrastraba los pies uno tras otro junto a cadenas, gritos de gargantas ahumadas daban la malvenida. Ladridos en ecos, alaridos de barbas sucias, ojos desorbitados con pupilas dilatadas. Chuzos, chopos, botellas, tazas. Amenazantes. Sonidos metálicos acompasados perforaban los ignorados culpables tímpanos. Las barras a diestra y siniestra escribían lo que se venía.

Una o dos semanas antes, la oscuridad de dos o tres rayos de luz dentro de la letrina, iluminaban las moscas sobre la carga y la hediondez delataba su crimen. Después le quedaban pocos minutos de paz. Al ser delatado, la saliva le llegaba a las sandalias asustadas, sudadas. Rechinando sus dientes, roer, en granos de arena y enredo de gargantas. El mismo marcó su apreso.

Así, susto el dictamen y el sonar del timbre. Sirena roja y azul, esposa de muñecas. Inmóvil. Metal, metal, placa contra camioneta, culpable de tres muertes. “Te me vas a mi celda”. Noche insoportable de golpes en funciones del Estado. Así dos semanas.

Ahora maldito, desnudo en la regadera, con orines y heces de aureola. Ya sin cadenas. Se desangra y diluye su rojo en agua podrida. Llorando el dolor de destornillador en el costado, a venganza por hija descuartizada. Tres muertes más una, cuatro. Crudas, del demonio. Que sí existe, matando perdones y redenciones. Moliendo más de una tripa.

Perdonando a los despiadados.

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