Artículos de Opinión

¿Paraguaná o Paralimpiar?

Desde hace muchos años el problema de la contaminación en el municipio Falcón está vivo. Aproximadamente en el año 86 ocurrió un derrame petrolero que ennegreció y aceitó a arena, llenaba cuerpos de petróleo y corroía trajes de baño. Actualmente, en parte de El Supí, la arena sigue oscura y de vez en cuando la marea trae cadáveres de peces, y basura, que revelan la real decadencia del lugar.

En este momento, la fría brisa, el sonido del mar a escasos metros, y la oscuridad, compensan la preocupación que tengo por esta zona. A pesar de esto, hoy caminé durante casi una hora tomando fotos del desdichado panorama. Desde mi lugar, hasta la laguna “Boca de Caño”, la arena y el camino están fusionados con desechos sólidos de todo tipo. El poliestireno ya es parte de ecosistema, y pequeñas lagartijas verde manzana se gozan caminando sobre éste. Las olas hacen siluetas de basura.

Antes, en la década de los ochenta y a principios de los noventa, la recolección de basura era exclusiva en las temporadas de vacaciones. Un camión recogía y apilonaba sobre un arenal abierto, pero de ahi rara vez se la llevaban. El fuerte viento de esta zona vuela bolsas cual cometas que luego ves en los cardones a los lados de la carretera. Aqui hay muchos botaderos, tantos, que no hay espacio entre ellos.

Hoy analizaba soluciones. En el pasado las han planteado. Entregaban bolsas para basura en las alcabalas y peajes, y hacían intentos de campañas de concientización. Fue algo que no duró, por ser una iniciativa pública, del Estado. Opino que un bombardeo sería ideal. No, no soy tan radical; me refiero a un bombardeo publicitario que mine las calles con vallas polémicas que sensiblicen la conciencia colectiva. Tal vez una multa en las playas o incluso la privación de libertad para quienes no cuiden su entorno sea una solución. Sin duda, hoguera para los cochinos.

Pero la verdadera solución está en nuestras manos, de cada uno de los ciudadanos. Si vemos a alguien tirando basura tenemos el deber moral de reprenderlo, o al menos de llamarle la atención. Llevemos nuestras bolsas negras para nuestra basura, y si está en nuestra disposición, recojamos el desastre que otros dejaron en nuestro lugar. La gratificación propia, y la felicidad por contribuir con nuestro planeta pesan. Pesan más que toda la basura falconiana.

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