Ensayos Cortos

Injerencia de la Santa Iglesia Católica en las políticas del Estado Venezolano

La Iglesia Católica, desde sus comienzos como institución ordenada, ha interferido en los asuntos políticos de la sociedad. Es de notar que cuando predominaba la monarquía en la edad media, los monarcas eran aconsejados por representantes de la Santa Iglesia. Obispos, Arzobispos y Sacerdotes intervenían, e incluso actualmente intervienen, en tópicos geográficos, económicos, bélicos, políticos y sociales de las naciones más poderosas del planeta.

Venezuela, país católico por tradición, no se escapa de esta antiquísima costumbre. Colón, financiado por los Reyes Católicos de España, predestinó el futuro de los venezolanos al -sin intención- implantar el catolicismo en el país. Así, al igual que en el resto de Latinoamérica y el Caribe, se selló la impredecible y devastadora conquista con la cruz de Jesucristo. En el nombre de Dios se asesinó y se masacró a los pueblos indígenas, con el fin de evangelizar y convertir a la naciente sociedad venezolana en una creyente masa de idólatras.

Entonces, luego de la conquista y la re-población del territorio nacional, en el país, subordinado a la corona española en el siglo XVI, se fundó la diócesis de Coro, la primera del país. Aunque, antes de la erección de esta, existía una diócesis en Paria (al oriente del país, no objetivamente documentada) que se fundó como parte de una estrategia de Carlos V para tener el control eclesiástico de América de extremo (Paria) a extremo (Panamá), es decir, un medio de descentralización religioso.

A nivel geopolítico, Venezuela terminó de unirse territorialmente en el año 1777. La influencia de la Iglesia Católica a nivel geográfico, se observó mediante la división territorial. El oeste venezolano, pertenecía a la arquidiócesis de Bogotá. El dominio político de la Santa Iglesia Católica, influyó en la determinación de espacios geográficos y la estructuración de la patria actual.

Es entonces cuando se comprende el poder que conlleva la Iglesia en los asuntos políticos del país. En esos tiempos, algunos Obispos tenían designada una tarea doble, de obispado y de gobernador.

Así, mientras maduraba la política en el país, se observó una creciente ola de patriotas que demandaban la independencia y el desligamiento de la corona española. El pueblo, sediento de libertad, demostró que el liderazgo religioso tiene una importante influencia en el futuro democrático de la patria. Así es el caso del 19 de abril de 1810 cuando José Cortés de Madariaga (sacerdote) logró con una seña que el pueblo contrariara la pregunta de Vicente de Emparan, Capitán General de Venezuela.

Luego de 1810 la estructura eclesiástica fue golpeada espiritualmente y físicamente. La guerra de independencia dejó estragos a nivel social que inexorablemente la Iglesia tuvo que vivirlos. Así, los polos convencionales de la política latinoamericana (liberales y conservadores), lograron una dispersión en el ámbito eclesial.

En este mismo contexto, cuando llegó al poder Antonio Guzmán Blanco, se notó un disipamiento, tanto, que existía un desacuerdo entre el Estado y la Iglesia. A esas alturas de la contienda política, el Estado convino que se le restringiera y limitara el poder a la Iglesia venezolana. Se logró entonces la subordinación de la Iglesia al Estado. Luego de la Independencia, la Iglesia se vio sometida a un Estado que quería la independencia de la misma iglesia de Roma.

Los gobiernos posteriores al de Guzmán Blanco, tuvieron políticas más flexibles e incluso de mayor apertura a la Iglesia Católica. Entonces, en el siglo XX, algunas órdenes católicas influyeron en la creación de instituciones educativas, misioneras, y asistenciales que beneficiaron al país en aspectos remarcables. A principios de ese siglo, se promulgo una Ley de Misiones, que permitía la entrada al país de diferentes órdenes (franciscanos, capuchinos, jesuitas, etc.) que contribuyeron en gran manera a la educación en el país. De hecho, las dos únicas universidades existentes para ese tiempo estaban dominadas por personas y profesores de pensamiento cristiano.

Transcurrida entonces la primera mitad del siglo XX, convergemos en que los dirigentes y políticos del país se asesoraban de los representantes de Dios en Venezuela. El Vaticano, en su majestuoso esplendor, brindó una vez más la asistencia política en asuntos que no solo están dominados por los mandatarios, sino que también, a nivel social, corresponden al dominio del pueblo y por ende, a la Iglesia Católica.

A alturas de 1936, la Iglesia define su postura en materia ideológica (relacionada con el comunismo). También, fijó su posición respecto a la propiedad y sus limitaciones, la cuestión social obrera, los derechos sindicales, los derechos docentes de la Iglesia en lo que respecta a la escuela, la familia y el matrimonio. Todo esto se fijó mediante la carta pastoral del 8 de diciembre de 1936. Asimismo, se llama a la concentración en una educación cristiana y de una “no politiquería” de acción. Eso hace que también se fomente la prensa cristiana y la incorporación de la Iglesia en obras de caridad. En esta misma carta, se proponen ciertas normas referentes a la participación de la Iglesia en la política, en las elecciones y en la acción social del clero mismo.

A partir de 1950 se acentúan dos problemas, la acción social de la Iglesia y la instrucción religiosa. Transcurrido el tiempo, en la década de los 70, la Iglesia vivió tensiones con el Estado. Esta correspondencia entre Estado-Iglesia se resquebrajó gracias las políticas de Estado. Es de notar que la Iglesia venezolana hubo de soportar fuertes tensiones con los gobernantes de períodos presidenciales adyacentes.

Paradójicamente, mientras se desarrollaba la historia contemporánea, existen casos aislados de asesoramiento y de revueltas guiadas por entes relacionados con la Iglesia Católica. Inmiscuidos en muchos aspectos, los dirigentes eclesiásticos se foguearon en las altas cúspides políticas de Venezuela. Esto no es un hecho único en la política del país. También, en el resto del mundo, la Iglesia controló (a) las cúspides políticas, relacionadas íntimamente con el tráfico de influencias.

La Iglesia ha usado su poder para expresar y publicitar sus diferencias con las políticas de Estado. Tomaré como ejemplo las elecciones de 1988, cuando ganó Carlos Andrés Pérez. Para ese entonces, La Conferencia Episcopal Venezolana publicó documentos poniendo en duda el sistema democrático del país, y poniendo en tela de juicio ante la opinión pública la efectividad de nuestro sistema electoral.

Actualmente, la Iglesia, impregnada de prejuicios políticos, sigue interviniendo en las políticas del Estado; aunque desde hace diez años, su participación es meramente virtual.

Hugo Chávez, actual presidente de la República, a pesar de poseer un discurso “cristiano” y “humanista”, ha ignorado la real importancia de la injerencia de la Iglesia Católica en asuntos políticos de Venezuela. En su discurso lascivo ha fomentado el odio y la intolerancia y ha dejado en segundo plano la opinión de los dirigentes católicos llegándolos a tildar de “piti-yankees” y “perros de Bush”.

A pesar de esto, los partidos políticos de oposición desde hace años han sido influenciados por la Iglesia de diferentes maneras. La Conferencia Episcopal Venezolana ha sido una de las herramientas de control social más importante. De hecho, en los sucesos del golpe de estado del 11-A, un Obispo que no mencionaré, intervino firmando una carta que apoyaba la nueva junta de gobierno.

También, desde el inicio del periodismo en el país, la prensa ha sido usada como herramienta para el adoctrinamiento, siendo aprovechada por escritores y algunos sacerdotes. El público es persuadido y llevado a conocer una “realidad” la cual se “asemeja” a la situación política paralela que en realidad existe.

La Iglesia (los líderes) busca (n) entonces fijar los ojos del público en un candidato o en un ideal de amor; tomando en cuenta los valores de Jesus, los mismos valores que algunos políticos toman como bandera, blanco, voto y lema.

Es bueno remarcar que las Iglesias, santos lugares de comunión con Dios, son usadas como oficinas para mítines políticos. Los sermones, algunos tienden a ser pintados de política, tildando a Chávez como al mismo demonio. Al mismo tiempo, las parroquias, dominadas por sacerdotes, son usadas como medio para resolver los problemas sociales que afectan una comunidad.

La CEV, ha logrado entonces intervenir, opinar e interferir en la situación política, tornando los procesos electorales, en un ámbito de libre opinión. Varias cartas han sido publicadas manifestando el deber ser del panorama electoral. Una situación política completa permite que la Iglesia intervenga y otorgue sus posturas calificando la situación, valorizandola.

Finalmente es de considerar que la Iglesia a pesar de sus vicisitudes, su pasado oscuro (la inquisición) y las varias denuncias que ha tenido, ha logrado que la sociedad se desarrolle congruentemente, es decir; una sociedad con valores morales “íntegros” y libre de opinar como desée.

Es de notar entonces que la Santa Iglesia Católica siempre ha tomado cartas en los asuntos políticos en el país, desde los inicios de la conquista. Y a pesar de que algunos critican su desenvolvimiento, la Iglesia Católica forja y forjará el futuro de nuestra cultura contemporánea, convirtiendo al pueblo a una doctrina dogmática que inspira hasta al más humanista.
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